Una historia tejida con santidad: el nuevo Beato Fray Mamerto

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Por Hna. Silvia Somaré ecj. 

Podría decirse que en Argentina, en particular la Ciudad de Córdoba, en la segunda mitad del siglo XIX hubo un semillero de santos.
La oscura realidad de un país, marcado por las guerras internas que buscaban la organización nacional, la postergación de la mujer, el secularismo y la epidemia del cólera; hicieron surgir mujeres y varones que fueron sensibles a esa realidad y le dieron respuestas humanas y cristianas.

Canción a Fray Mamerto Esquiú: letra y música Valeria González ecj. 

Con la llegada de Fray Mamerto Esquiú a los altares, se suma un catamarqueño al grupo de 17 beatos argentinos. Buena gente que le dio vida evangélica a su entorno.
Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú nació el 11 de mayo de 1826 en la localidad argentina de Piedra Blanca en la provincia de Catamarca.

Mamerto había nacido enfermo, esto impulsó a su madre a hacer una promesa a San Francisco de Asís, vestirlo con su hábito para que sanara. Así desde muy niño comenzó a usar el sayal franciscano, el hábito no lo abandonó en toda su vida, y lo acompañó hasta su muerte.

Esa fidelidad a la orden franciscana y al espíritu de su ilustre fundador constituye uno de los rasgos fundamentales en la vida del que fue obispo de Córdoba. El 14 de julio de 1842, a los 17 años, hizo profesión solemne y al cumplir 22 años se ordenó sacerdote, celebrando su primera misa el 15 de mayo de 1849.

Contemporáneo de la Beata Catalina de María Rodríguez (1823-1896), probablemente se conocieron cuando ella, casada con el Coronel Zavalía vivía en Paraná y Esquiú también, por el año 1860 como secretario del primer obispo de esa diócesis, fray Luis Gabriel Segura.

Antes, el 9 de julio de 1853, pronunció su discurso más conocido, favorable a la jura de la Constitución, conocido como Sermón de la Constitución: recordó la historia de desuniones y de guerras civiles, y se alegró por la sanción de una Constitución que traería nuevamente la paz interna. La primera resistencia a la Constitución en el interior había sido vencida, y Catamarca juró la Constitución. Su sermón alcanzó trascendencia nacional y fue copiado en la prensa de todas las provincias de país; la resistencia que podría haber tenido la Constitución en otras provincias quedó vencida por la elocuencia de un fraile desconocido de una provincia pequeña.

Nuestro Fraile invitaba a todos los habitantes de la Nación a aceptar esta nueva y fundamental Ley al decir “Obedeced señores, sin sumisión no hay ley, sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad”… “Se requiere la inmovilidad por parte de ella y la sumisión por parte de nosotros”. De este modo con claridad ha iluminado a los gobernantes y a la ciudadanía para que, desde el respeto a esta Carta Magna, se busquen caminos de paz social y unidad, que lleven a superar diferencias y a fortalecer los vínculos sociales.
La Familia y el esposo de Catalina, defensores de la paz y la unidad del país, sin duda apoyaron estas palabras y de ellas se valieron para cuidar la alianza federal.

Fray Mamerto es enviado a Bolivia ya Roma en diferentes misiones de la orden franciscana. Regresa en 1878 y el 12 de diciembre de 1880 recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Buenos Aires, tomando posesión de la Sede Episcopal de Córdoba el 16 de enero de 1881. Fue un pastor austero, reorganizó la diócesis, fue padre de todos, dio ejemplo de vida evangélica a través de sus acciones, recorrió todos los pueblos de la diócesis, reconfortó a los necesitados y enfermos, practicó en toda su extensión el amor cristiano siguiendo a Jesús y a su amado San Francisco de Asís.

Como Obispo de Córdoba le expresó al padre general de la Orden: “Y este hábito será mi gala y gloria en vida y muerte… a él debo todo, incluso la salud corporal, y desde mi niñez no he conocido otro vestido… El Fray se nos debe pegar hasta la muerte”
Luego de realizar su visita pastoral a La Rioja (formaba parte de su diócesis), fallece el 10 de enero de 1883, en la Posta El Suncho, en la provincia de Catamarca.

Sueños comunes con Catalina 

Durante el gobierno pastoral de Esquiú, comenzó la expansión del Instituto de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, fundado por Madre Catalina.
Por voluntad del obispo se funda el taller de la Sagrada Familia, destinado a enseñar oficios domésticos a las mujeres, según la carta 727 del padre David Luque. El mismo padre expresa en su carta 1304 que Esquiú manifestó a la Congregación grandes consideraciones, lo cual confirma su aprobación.

No hay registros de encuentros y diálogos entre Catalina y Fray Mamerto. Pero en la pequeña ciudad de Córdoba y, con el espíritu eclesial de ella y la pasión por el Evangelio de ambos, podríamos afirmar que se conocieron y compartieron sueños en común por una Iglesia en salida, por un caminar sinodal con la valentía de los que llevan a Jesús en su corazón.

En el presente de nuestra Argentina la figura de Fray Mamerto sigue siendo un llamado a la unidad y a la amistad social. Con la fe y el Evangelio fue constructor de nuestra identidad nacional. Al ser proclamado Beato, su ejemplo se abre hacia todos los pueblos.