Testimonio. «Mi hija Alma, la salud y mi voz son regalos de Madre Catalina»

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15 /01/20. Por redacción @PrensaMadreCatalina

Ana Cecilia Grassia tiene 43 años y una larga historia de amistad con Madre Catalina. Su vida estuvo inspirada en Catalina desde los 9 años. Nació en la provincia de Tucumán y lleva 15 años en la comunidad de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús.

Ex alumna del Colegio Sagrado Corazón, mejina (animadora grupo MEJ), misionera de los wichi, de Jóvenes por el Reino, y actualmente trabaja como preceptora en el Hogar San José (Tucumán), “una Obra amada por Madre Catalina, el Sueño Dorado que ella inició hace muchos años”.

“Madre Catalina me acompañó desde chica, “Benjamina” era el grupo del colegio con el que nos juntábamos a rezar en 5° grado. Con el paso de los años, mi vida siempre estuvo cerquita de ella, con la confianza, la esperanza y la fe”, comenta Cecilia con quien accedimos por el testimonio que compartió su madre en la página de Facebook de Madre Catalina.

2016 

En mayo de 2016 le realizan una ecografía de tiroides por control endocrinológico y encuentran nódulos de un tamaño importante, le siguió la punción donde detectan  cáncer de tiroides.

“Fue un momento muy difícil, pero me apoyé en Madre Catalina, desde el Sagrado Corazón y la Virgen, pero en ella especialmente y le rezaba mucho. Cuando me dieron la fecha de la cirugía, todas las noches ponía la reliquia de Madre Catalina en el lugar del nódulo y rezaba, estaba completamente segura que ella me acompañaba.”

La ex mejina que no perdió el acento alegre, sereno y misionero con el paso del tiempo, salió bien de la cirugía y ahí comenzó un camino nuevo “Como se sabe, entre los riesgos de una cirugía donde hay extirpación de la tiroides es quedarse sin voz, (se puede dañar el nervio que irriga a las cuerdas vocales).

“Fue una noticia muy fuerte para mí, porque la música es mi vida, la música me conectó como animadora de grupos, de campamentos, de misiones; 12 años cantando en las peregrinaciones de Pastoral de Juventudes de Tucumán, en eventos donde nos convocaban para este servicio, y saber que era una posibilidad perder este don compartido con otros, fue muy triste”, dice Ana Cecilia.

“Fue muy difícil entregar esa situación, pero Madre Catalina me ayudó, poniendo en mi camino mucha gente, mi familia, amigos, las familias de los niños del Hogar, ellos fueron mi sostén desde la oración. Mucha gente rezó por mí y salió todo bien, hoy puedo seguir cantando y compartiendo la vida con esta comunidad”.

Luego de la cirugía, pasaron unos meses y  Cecilia conoce a Víctor, el amor de su vida, el papá de Alma, ambos sabían que producto del tratamiento de tiroides no era posible quedar embarazada y significaba grandes riesgos.

“Mientras recibía los tratamientos donde tenía que estar aislada de los niños, de las embarazadas (por tomar yodo 131 que afecta por su radiación a otras personas), ofrecí todo ese tiempo y preparé en agradecimiento a Madre Catalina y al Sagrado Corazón un medallón replicado en yeso, con ambas imágenes, anexando la Oración. Obsequio manual hecho en total aislamiento, para regalar a las personas queridas que no podía ver, pero con quienes estábamos conectadas por línea directa, la oración”.

2017

Cuatro meses después Cecilia Grassia volvió a trabajar al Hogar San José para preparar con los niños la fiesta misionera de la beatificación de Madre Catalina “fue un alegría inmensa participar con el Hogar, trabajamos mucho para poder pagar los pasajes y llegar a Córdoba; ahí recé de un modo especial por mi endocrinóloga que había perdido varios embarazos, y también pensando en mí, aún sabiendo que era un imposible”.

Alma en el 2018  

En diciembre de 2017, Cecilia no solo había recibido la «gracia especial» de salir bien de la cirugía, no perder la voz, además el regalo de quedar embarazada.

“Fue la mejor noticia que recibimos. Con un embarazo complicado pero bien acompañada. Mi hermana de la vida, Natalia Frías tocoginecóloga quien atiende embarazos en riesgos, muy devota de Madre Catalina, nos unimos desde el minuto cero para cuidar la vida que estaba en camino”.

Desde ese momento “cada día fue un desafío puesto en manos de Madre Catalina y el Sagrado Corazón de Jesús”, afirma Cecilia, y con 36 semanas nació Alma, el “milagro” catalino que hoy tiene un año y cinco meses, sana, feliz, y reza todas las noches con su mamá al Ángel de la Guarda, a Madre Catalina y al Sagrado Corazón para agradecer la vida.

“Cuando pienso en Madre Catalina, pienso en su fuerza transformadora, y que todo es posible cambiar, que hay esperanza, que hay un mundo que se puede mejorar desde lo pequeño de cada día. Como cuando en la Fundación del Instituto a Madre Catalina como sacristana pudo cambiar su entorno y lograr formar esta Gran Familia. Mi “super poderosa” que intercede amando y reparando. Mi hija Alma, mi salud, mi voz son regalos de Madre Catalina.»

Foto. Rosario de MC en las manos de Alma al nacer. Y con la imagen de la Beata. Ana Cecilia con los niños del Hogar San José.

Oración a la beata Madre Catalina.