Seguiré hasta donde Dios me quiera llevar

1
180

Escribe: Silvia Somaré (ecj)

Si Catalina de María Rodríguez hubiese sido contemporánea de Patricia Sosa probablemente habría cantado con ella esta canción.

Catalina, miembro de una prestigiosa familia cordobesa tenía, como todas las mujeres de la época, una educación rudimentaria. También como todas las mujeres cordobesas hizo Ejercicios Espirituales. Este método ignaciano de encuentro con Dios cambió y cambia los corazones de muchos, también el de ella.

A los 17 años los hizo por primera vez y allí sintió vivamente el amor de un Dios misericordioso que le salía al encuentro del mismo modo según sus propias palabras, como le salió a Moisés. Allí sintió su vocación de consagrarse a Dios, de ser como los jesuitas pero en mujer. Se dio con el gran obstáculo que para las mujeres, en Argentina y sus alrededores, solo había monasterios de clausura. Esa puerta que Dios le pedía que atravesara curiosamente aparecía cerrada.

No se quedó quieta, siguió tras ese camino hasta donde Dios la quisiera llevar. Se dedicó junto a otros laicos y mujeres de su familia a ayudar y sostener los Ejercicios cuando los jesuitas fueron expulsados por Rosas. Podríamos preguntarnos ¿por qué esta tozudez detrás de ellos?

Y la respuesta la encontramos en la misma Catalina cuando dice que “Los Ejercicios son luz; porque nos descubren las gracias que hasta entonces estaban ocultas a nuestra vista, porque la abundancia de gracias que el Señor derrama en esos días de dicha nos hacen mirar como muy sencillas las cosas que antes tenía por muy dificultosas. ¿Y qué es lo que resta en seguida? Ser fiel y guardar cuidadosamente en nuestros corazones el tesoro que hemos recibido, no para tenerlo allí ocioso, sino para hacerlo producir los frutos que le son propios”. En breves palabras sería: encontrase con Dios y seguir con Él hasta donde nos quiera llevar.

1 Comentario

Comments are closed.