«Tsi DIOS wuj tä ihumnhen WICHI tä i’pe honhat, wet hiw’enho Lhäs tä weihalha, häpkhilek elh at chik häpe chik t’ekhaye, tatäyhit’ala, mat ikatej lew’atshancheyaj tä t’un.” “DIOS amó tanto a los WICHÍ, que entregó a su hijo único para que todo aquél que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna”.

La misión comenzó el sábado 8 de julio, desde distintos lugares de Córdoba comenzamos a recorrer el camino que nos llevaría a esta hermosa misión y en Deán Funes nos encontramos.  De Córdoba capital, Cruz del Eje, Villa Cura Brochero,  Las Rosas, y San Luis nos unimos en la ruta hacia Tucumán, donde nos recibió la comunidad de Hermanas del Colegio Sagrado Corazón y nos alojaron para descansar y continuar el viaje al día siguiente.  La familia Rives-Piumetto y su enorme y continua generosidad llevaban las donaciones y mercaderías  en su camión y allí se despidieron del resto para volver a su hogar.

Partimos de Tucumán bien temprano y continuamos nuestro rumbo hacia la Comunidad de Santa Maria. En el camino nos encontramos con los jóvenes de Chamical de la Universidad Nacional de La Rioja, quienes trabajaron arduamente para conseguir donaciones y colaborar con la Comunidad Wichi.

Llegamos a la tarde a Santa Maria a prepararnos para compartir con la comunidad Wichi y como comunidad de Misioneros, el día martes al llegar la Hermana Marita con más misioneros de Tucumán llegamos a ser 47 personas en una sola tarea y un solo corazón.  Sabíamos que parte del techo de la escuela donde nos alojaríamos se había derrumbado, al llegar vimos que no era solo el techo y gran parte de las aulas estaban sin techo y paredes. Nos distribuimos entre las pocas aulas que quedaron en pie y los jóvenes de Chamical y Brochero armaron sus carpas.

Que podemos decir de este lugar recóndito, casi abandonado por los hombres, donde el hambre, la miseria y el dolor conviven hora a hora entre esta gente maravillosa.  Una semana de nuestras vidas que permanecerá en nuestros corazones para siempre.  El abrazo de las mujeres y los niños, las sonrisas, los momentos compartidos y tantas cosas aprendidas hacen que sea posible ver en ellos el rosto de Jesús.

Cada uno de los misioneros nos convertimos en instrumentos del Señor para llevar la palabra y la Buena Nueva y fuimos recibidos con los brazos abiertos y deseosos de compartirla con nosotros.  Comunidad donde falta lo material y lo esencial para vivir pero donde hay  hambre de lo espiritual y de la Palabra. Donde las Hermanas Esclavas siguen sembrando los frutos de Madre Catalina con su labor misionera que acompaña  el bienestar y crecimiento espiritual  de los pueblos originarios, el desarrollo de la familia, la asistencia a los más vulnerables y el impulso evangelizador de jóvenes y niños.

En camino hacia Pozo de la Yegua pasamos por la Misión Anglicana y sobre el altar de la Iglesia encontramos esta cita de Juan 3:16

«Tsi DIOS wuj tä ihumnhen WICHI tä i’pe honhat, wet hiw’enho Lhäs tä weihalha, häpkhilek elh at chik häpe chik t’ekhaye, tatäyhit’ala, mat ikatej lew’atshancheyaj tä t’un.” “DIOS amó tanto a los WICHÍ, que entregó a su hijo único para que todo aquél que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna”.

Dolor, impotencia, injusticia, son circunstancias que pueden mitigarse con la labor apostólica y con el Amor infinito puesto al servicio de los demás.  Así transcurrió nuestra semana, con Misa, bautismo, encuentro de niños, de mujeres, con acciones concretas de un proyecto ecológico, y llego el día que debíamos despedirnos de esta hermosa comunidad que tan generosamente nos abrió su corazón…Y es un hasta luego, porque cuando Dios toca nuestros corazones a través de una mirada, de una palabra, debemos comprometernos aún más y seguir este camino Misionero que nos transforma en hermanos …” Dios que vela por ustedes como único verdadero Padre y les dará fuerza, luz y ánimo generoso para seguir de cerca a nuestro amantísimo Amo que marcha delante de ustedes cargando con su cruz y les muestra el camino por donde Él quiere que vayan. Madre Catalina ECJ, hasta siempre querida Comunidad de Santa María.

TESTIMONIOS 

Tamara de  Villa Cura Brochero (19 años) Volver ahí me causa mucha paz

Bueno todo comenzó hace tres años atrás, cuando en él mes de junio (en donde se conmemora él Mes del Sagrado Corazón) la hermana Emilia Calvo llego al colegio y nos dijo que debíamos de colaborar con tela polar para la realización de frazadas que serían llevadas a Santa María en el mes de julio. Desde allí con un grupo de compañeros comenzamos a averiguar de como poder participar de la misión, por lo que el año pasado, la primera semana de marzo comenzamos a pedirle a la hermana que por favor nos dejara viajar y participar de la misión, ella con mucho miedo y luego de hablarlo bastante con otras hermanas, nos dijo que si, que si podíamos ir….

La emoción de ese momento fue inmensa por lo que buscamos donaciones y a realizar eventos y  beneficios para que todos podamos viajar (ya que algunos no tenían muchos recursos)… Un 8 de julio del 2016  a las 8:16 de la mañana partimos desde Villa Cura Brochero, dispuestos a cumplir un sueño y a formar parte de una misión más pero muy diferente..

Al llegar a Santa Maria se me cruzaron miles de sentimientos, ya que es una realidad muy distinta a la cual vivimos día a día en mi pueblo o en las ciudades, les juro que fueron las mejores vacaciones de mi vida; ahí encontré amigos, gente maravillosa, amor por doquier y sobre enseñanzas que me acompañan hasta el día de hoy…

Este año estuve en dudas de ir o no, por razones económicas, pero decidí privarme de muchas cosas durante seis meses para poder volver de nuevo y sentir lo mismo o más que él año anterior… Volver ahí me causa mucha paz, a pesar de la impotencia que te da él no poder hacer mucho para ayudarlos; esta misión para mi significo muchísimo tanto en lo personal como en lo espiritual, no es como otras misiones, esta es especial, porque te enseñan a valorar las pequeñas cosas y te hacen ver que con una sonrisa podes ser feliz.

Federico (18 años) Alumno del Instituto Técnico Cristo Obrero de Villa Cura Brochero – Cuando se extraña la incomodidad 

Hoy me desperté tarde y me asusté. Me levanté rápido y me abrigue pensando en que tenía que desayunar y luego escuchar la liturgia del día. Pero cuando salí de mi pieza no encontré esa gran mesa donde todos nos juntábamos a desayunar, me pasó que solo había una mesa común, con sillas vacías, que mi cama ya no era ese colchón inflable en el cuál descansaba y me producía dolor de espalda, ni mi pieza era esa gran carpa en donde guardaba mis cosas y me refugiaba del frio, ni mis amigos estaban allí al lado mío riéndose por las imitaciones, chistes, frases y dichos que a diario decíamos.

Me pasó que fui a cepillarme los dientes y no tuve que esperar para entrar al baño, que tuve que hacer el desayuno con el agua de la pava y no de un termo. Me pasó que no encontré el pan redondo y exquisito de todas las mañanas, ni los picadillos y mermeladas. Me pasó que nadie me vino a decir «vaamoss arribaa a levantarseee…» ni el «Buen día». Me pasó que no sabía si tenía que ir al cruce o a visitar a los criollos, me pasó que no estaba ninguna de mis madres para cargosearlas, ni ninguno de los chicos para reír.

Me quedé sentado trayendo a la memoria muchos recuerdos, mientras me preparaba mi desayuno. Pero se sentía distinto, como un pequeño vacío que solo ocupan esas personas que estaban allá cada mañana. Luego sonreí y me puse feliz porque a esas personas les está llegando este mensaje y les quería agradecer por haber formado parte de esta hermosa experiencia. Los quiero mucho a todos, son un espectacular grupo y no tienen comparación. Ojalá la vida nos cruce de nuevo y podamos volver a misionar.

Valeria Iarza, Córdoba Capital –Docente en Colegio de María (HHEE) 

Solo amando y reparando como nos pedía Madre Catalina 

En los últimos tres años participé de distintas actividades solidarias como la “Noche solidaria” y las misiones en la localidad de La Puerta en Colonia Tirolesa, pero nada de esto me preparó para la magnitud de lo vivido en esta Misión. Desde el momento de nuestra llegada, los niños nos recibieron anhelantes y deseosos de compartir sus días con nosotros.  El Cruce, lo de Mariana, Pozo de la Yegua, no son solo palabras que hacen referencia a lugares, son rostros, miradas, nombres, abrazos, risas, la voz tenue y pausada, la calidez de las personas que allí habitan. Personas que sufren la indiferencia, la desprotección, la necesidad, personas que sonríen a pesar de todo, que se brindan y quieren compartir con nosotros la Palabra de Dios, que necesitan no solo alimentos, si no de nuestra fe y nuestra esperanza para alimentar sus almas y encontrar en nuestro Señor un refugio para el dolor y la miseria.

Tengo el honor, como otros  misioneros, de tener un ahijado Wichi, Víctor, y tanto por el cómo por todas las personas que conocí de esa bella comunidad es que me propongo hacer todo lo necesario por ellos, y sobre todo, volver a ese lugar en el cual deje una  parte de mi corazón.

La misión Wichi que se viene realizando desde hace muchos años, es la misericordia y la caridad en acción, solo amando y reparando como nos pedía Madre Catalina y su amo el Sagrado Corazón es cómo podemos encontrar la gracia del Señor y ser instrumentos de él. Y seguir este camino confiando siempre “Y ¿qué es lo que resta enseguida? Ser fiel a estas gracias, procurando guardar en nuestros corazones el tesoro que hemos recibido, no para tenerlo allí ocioso, sino para hacerlo producir los frutos que le son propios. Madre Catalina ECJ

Solo quedan los agradecimientos a las Hermanas por su entrega, su amor y su confianza, a la familia misionera porque fuimos un solo corazón, que amo, sufrió y reparó al unísono, y a la querida comunidad de Santa María que tanto nos enseñaron sobre la vida y el amor.

Misioneros 2017

Dolly Ecj, Mónica Ecj, Marita Ecj, Emilia Ecj, Julia Ecj, Daniel, Alberto, Maria, Marcela, Nazarena, Camila, Luz, Nahuel, Agustín, Federico, Facundo, Tamara, Emilse, Estefanía, Yaqueline, Rosario, Viviana, Lautaro, Pamela, Liliana, Manuel, Valeria, Eliana, Marcelo, Joaquín, Guadalupe, Milton, Eder, Nicolás, Santiago, Jony, Pollo, Eder, Begoña, Luz, Lucila, Larisa, Johana, Llama, Cristina, Nacho, Vicky

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