Validez del mensaje de Catalina de María 

Escribe: Hna. Silvia Somaré scj.

Nos cuesta asumir la enfermedad que tiene nuestra sociedad. Y si les pregunto cuál es esa enfermedad me dirán la pobreza de muchos, la riqueza de pocos, la agresividad, las crisis familiares, la corrupción, el consumo por el placer, la fragilidad de las instituciones civiles, políticas y religiosas. Esos son los síntomas, la verdadera enfermedad es la globalización de la indiferencia que se expresa en una exagerada  autoreferencia y la búsqueda del confort que desemboca en un ombliguismo que tiene a la persona como centro de todo. Y esa es la enfermedad que mata al que la tiene y a los que lo rodean.

El ombliguismo, la indiferencia son graves, porque al ser autoinmunes, no dejan que nos demos cuenta de ellas y las alimentamos constantemente. Prima el tener por sobre el ser, el consumir todo tipo de sensaciones por sobre el compartir, el atrincherarse en los propios pensamientos a encontrarse con otros modos y estilos, el herir sobre el curar.

Afortunadamente, la enfermedad que describí no representa la totalidad del vaso vacío. Hay una parte del vaso lleno y con agua de muy buena calidad.

Esa agua la podemos beber, por ejemplo de Catalina de María Rodríguez. Ella  salió de su situación de confort que por apellido y posición social tenía para devolverles la dignidad a los más desprotegidos, tendió puentes con personas de diferente pensar y sentir, no temió transgredir el paradigma del rol puertas adentro que tenía la mujer para aportar algo mejor desde su propio ser, confió en las posibilidades de los demás, compartió sus dones y sus bienes. Mostró la centralidad de un Dios misericordioso siendo ella misma rostro de ese Dios. Intentó ser Casa, ser hogar, ser corazón de una sociedad tan enferma como la de hoy. Con pequeños gestos diarios que sintonizaba con el ideal de dejar el mundo un poco mejor de lo que lo había encontrado.

Lo que ella hizo lo puede hacer cualquiera de nosotros hoy. Solo hace falta su corazón y su pasión por un Quien y un para quién que esté más allá de las propias fronteras del ombliguismo.

El mejor remedio y la mejor vacuna para no caer en la globalización de la indiferencia están al alcance de la mano. Imitando alguna o varias de las virtudes de Catalina de María. Mujer con un mensaje siempre válido para nuestros buenos propósitos de soñar y construir un mundo mejor. Mujer con un corazón lleno de amor que no se lo guardó…lo desparramó por este mundo.

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