Isla de Pascua – Misión Junio de 2017  

Escribe: María Silvia Fiorentino, Esclava del Corazón de Jesús

No es nada sencillo poner en unas cuantas palabras todo lo que se vive, observa, comparte y crece en contacto con otra cultura. Fueron muchos los momentos que podría ir contando e intentaré no ser pesada y no abundar en detalles, solo despertar el gusto por lo desconocido para muchos y el deseo de conocer más y mejor.

Tour por los enfermos 

Ayer primer viernes fue un día especial, arrancamos con un tour con los enfermos de la Isla a los que el Padre Bernardo visita y lleva la comunión a los que están postrados o imposibilitados de llegar a la Parroquia, siempre un paseo por el dolor de la gente es duro pero necesario. Las Nua y los Koro, ancianas y ancianos en Rapa Nui muy respetados y generalmente cuidados por la familia, a tal punto que cuando quiso hacerse un Hogar para ancianos se levantaron protestando; que eso era ir contra la cultura y finalmente quedó un Centro de Día al que fuimos a rezar y conversar con ellos en distintas oportunidades.

Visita a los ancianos 

Visitamos quince ancianos más los que estaban Hospitalizados, desde las 10 de la mañana hasta la una y media sin parar bajando y subiendo de la furgoneta del Padre viendo el cariño con que nos recibían , las muestras de respeto y afecto del Padre para con cada uno, conociendo sus historias y respetando a cada uno en su modo de ser, gente del continente y otros Rapa Nui algunos ya próximos a su partida a la casa del Padre, en su mayoría serenos y alegres de ser visitados con el consuelo de la fe y la Eucaristía.

En la cárcel

Las hermanas Verónica y Mariana de ahí partieron a la cárcel, en la que se prepara uno de los internos para el Bautismo y poco a poco después de recibirnos indiferentes se fueron acercando otros unos para conversar, contar sus historias y mostrarnos las artesanías que hacen allí. Se sumaron a la catequesis poco a poco.

Si uno tiene que pagar alguna deuda con la justicia es el lugar ideal, están cómodos pues son pocos, comen muy bien, aprenden un oficio y venden sus productos ahorrando y pudiendo ser visitados sin grandes problemas. Nos contaba uno que le pidió al juez ¡un año más !, una mezcla de miedo a salir y una muestra de lo bien que están, también otro interno pidió que lo pongan en prisión cuando el juez le había dado una detención  domiciliaria, no tenía para pagar un alquiler y menos poder ganarse la vida con limitaciones de salida, así que a la prisión y todos felices.

Pudimos conocer la inagotable y misteriosa historia de la Isla con sus famosos Moais y reconstrucciones de casas-cuevas en las que vivían los primeros habitantes, también se comprende la gran desconfianza que sufren frente al extranjero, a la gente del continente como los llaman, por la triste experiencia de esclavitud, abusos y colonialismo que sufrieron. A pesar de ello en su gran mayoría aprecian a la Iglesia católica y los primeros misioneros pues dicen que el Evangelio trajo solo cosas buenas a sus vidas y cultura.

Dar gracias a Dios 

En un día que nos tomamos para rezar y comer a la orilla del mar pensaba y rezaba preguntándome  que era lo que más me había impresionado o gustado de los días pasados en la Isla y fui recorriendo los momentos compartidos, las fiestas del curanto en las que estuvimos en varias oportunidades, la generosidad de su gente y como prueba de ello traigo una buena cantidad de collares realizados con las conchitas marinas cumpliendo una tradición que dice que si te la llevas puesta volverás a la Isla, los ratos de oración y espiritualidad ignaciana que reciben de muy buen grado, el hablar con aquellos que no son Rapa Nui y nos contaron de sus alegrías y dificultades para adaptarse a una cultura tan distinta, el oír a los jóvenes que vuelven profesionales y tienen sueños y proyectos para vivir y así fui poco a poco dándome cuenta que todo sumaba para dar gracias a Dios.

Pero lo que más alegría me dio fueron mis hermanas con las que nunca había vivido y sin embargo fueron el mejor y más importante motivo de agradecer a ellas y al Señor por estos días mágicos y sacrificados. Por las charlas y confidencia, por las risas y comentarios, por la comida compartida y la oración comentada, por decir lo bueno y lo malo que nos pasaba, por ser libres y al mismo tiempo entregadas al apostolado inventando mil formas de llegar a los demás, por simplemente estar …

¿Y si eso lo puedo tener en cualquier parte del mundo? Ese es parte del ciento por uno que nos regala el Señor en su Evangelio a quienes le seguimos y de yapa la vida eterna.

Como no podía ser de otra manera se atrasó el avión hasta la noche así que me despidió la misa en Rapa Nui y otro curanto de las familias, me fui con muchos collares ¿volveré?. Si no lo hago otras lo harán por mi y eso si me hace muy feliz.

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