Entrevista. La gente común y corriente ya sabía de su santidad

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Gabriela Peña. Autora del libro “Apasionados por el amor, la justicia y la paz”. Editorial Claretiana.

Entrevista. Comunicación Madre Catalina #coberturamartiresriojanos 

¿Qué te motivó escribir un libro? Cuánto te demoraste?

La motivación  fue una intuición que se hacía palpable cada vez que uno hablaba con la gente de La Rioja, esa intuición fuerte que es don del Espíritu, fue antes de la declaración del martirio, de la decisión de la Iglesia de la beatificación. La gente común y corriente ya sabía de su santidad. Me llamó la atención la familiaridad con que esta gente hablaba de nuestros mártires, los consideraban así y les pedían su intercesión simplemente porque sabían de su santidad antes que la Iglesia los declarara. Eso me generó curiosidad, saber quiénes eran esas personas, el significado de sus vidas para que esas personas se sintieran tan seguros de esa santidad tan sencilla antes de que la Iglesia se los confirmara.

Demoré bastante en escribirlo, empecé en 2014, dejé, volví a empezar. Me costó encontrar testigos que quisieran hablar y después, encontrarme con ellos porque yo vivo en Córdoba y eso hacía que se fueran dilatando los plazos. Demoré cuatro años, pero no cuatro años seguidos escribiendo.

¿Tuviste en algún momento ganas de abandonar, de no ahondar más?

En algún momento tuve ganas de dejar la tarea, por los testigos, la información, el tiempo extra que necesitaba. Siempre quise seguir ahondando y cada vez me daban más ganas de ahondar. Al principio solo quise escribir sobre los mártires de Chamical porque tengo amigos en Olta vinculados a esa ciudad y me animaban a escribir. También porque tuve una alumna que es de Chamical e hizo un trabajo de integración sobre los mártires. Entonces más que abandonar lo postergué. Aún ahora que lo terminé sigo ahondando en otros temas que surgieron de esta investigación.

¿Qué fue lo que más te impactó de la investigación? Lo que te hizo doler el corazón y lo que te alegró.

Lo que más me impactó fue percibir la unidad y comunidad que se vivió en la iglesia riojana en ese tiempo. Cuando fui conociendo a Monseñor Angelelli y su propuesta de trabajo desde la comunión y la participación que no eran ideales inventados, sino ideales desde la Iglesia del Vaticano II. Me impactó ver que personas distintas, de distintas historias, situaciones, lugares compartían tan profundamente no solo el seguimiento de Jesús sino un estilo de ese ideal de seguimiento. Me impactó mucho la fuerza de los vínculos entre todos ellos, que todos se sentían parte de un mismo proyecto del Reino y eso en estos tiempos de individualismo y la experiencia comunitaria es trabajosa, me pareció digno de destacar. También me impactó la fuerza de la figura de Angelelli por que todos los testigos me estuvieron hablando de Carlos, de Wenceslao, de Gabriel, hacían referencia a la fuerza evangelizadora de Angelelli como animador, pastor, y la comunidad como estilo de vivir el Evangelio.

Lo que me hizo doler el corazón fue todo lo que tiene que ver con las calumnias, la injusticia con que fueron juzgados por otros y sobre todo que estos mártires fueron condenados por otros que también eran cristianos, católicos y pertenecen a nuestra Iglesia. Fueron hermanos enfrentándose con hermanos, me hizo doler el corazón la injusticia de esas calumnias y la dificultad para ver más allá de nuestras interpretaciones, me duele mucho ver que todavía pasan esas cosas. Aceptar propuestas que nos desafían, nos incomodan y nos sacan de nuestras seguridades, la propuesta de Iglesia de Angelelli suponía salir de las seguridades, indudablemente algunos tenían que cambiar de situaciones en las que están cómodos para que haya más justicia, más verdad, más respeto para tratar a todos como iguales y valorar la dignidad de los demás. Me impactó la incomprensión mutua entre hermanos que es lo contrario de lo que pedía Jesús.

Me dio mucha alegría compartir las vivencias de los testigos, todos hablaban con felicidad, alegría, añoranzas de esas épocas. Me hablaban con brillo en los ojos, emoción en la voz. Me hizo feliz asomarme a esa experiencia, sentía un poquito de envidia pensar que esas personas habían vivido ese ideal de Iglesia, de comunidad, ese Reino que tratamos de alcanzar y no podemos vivir de manera patente y palpable. Algunos testimonios eran impactantes por eso los transcribí textualmente en el libro.

¿Muchos te alentaron? Hubo gente que te dijo que no valía la pena hacerlo?

Muchas personas me alentaron, sobre todo gente de La Rioja, también editorial Claretiana, no recuerdo de nadie que me haya dicho que no iba a funcionar. Fue significativo que el año pasado decidí terminarlo, para lo cual pedí licencia en uno de mis trabajos; al mismo tiempo Claretiana me pedía que lo terminara. Esa decisión y el pedido lo sentí como un empujón de Dios. Lo terminé el 15 de enero de 2019 y yo que siempre hacía misiones populares de veranos, asumí que esa era mi misión. Este año mi misión es dar a conocer la figura de los mártires, lo siento un llamado de Jesús. A través de ellos Dios nos dice Amen, nos da un mensaje concreto: Amen, pensar otro modo de jugarnos por los hermanos, pensar en los pobres, en los necesitados de nuestro alrededor, buscar que nuestros hermanos vivan como Dios quiere, vida en abundancia, vida en plenitud, vida digna y creo que este mensaje es lo que en este momento me toca transmitir y compartir.

Lo que más me impactó fue percibir la unidad y comunidad que se vivió en la iglesia riojana

¿Qué sentiste al terminar el libro?

Sentí lo que acabo de decirles. Yo como laica me siento muy identificada con Wenceslao Pedernera. Entrevisté a su viuda y hablé con su hija mayor que tiene mi edad y me hizo pensar mucho; el mismo año que murieron los mártires yo conocí a Jesús y decidí ser su discípula. Cuando una chica de mi edad perdía a su papá por Jesús, yo estaba recibiendo el Evangelio. Eso me hacía pensar en las maravillas de Dios que va suscitando en los corazones este deseo de seguir a Jesús como podamos y que en el corazón de Dios nos encontramos todos.

Pensé mucho en Wenceslao, tendría la edad de mi padre y sus relatos eran semejantes con mi propia vida cotidiana. Con los otros 3 también me vinculo de distintas maneras, ellos estaban intercediendo por mi ilusión, por mi trabajo e indicándome por dónde ir.

Gabriela Peña junto a Martha Cornejo, familiarmente conocida como Coca, la viuda de Wenceslao Pedernera.

Escribir este libro ha sido un nuevo encuentro con Dios, que me ama, que nos ama y de cuanto tenemos para compartir unos con otros. No a imitarlos, pero sí a dar pasos en los caminos que compartimos y que como hermanos tenemos que ayudarnos mutuamente a descubrir la palabras que Dios nos va diciendo.