En un viaje, su huella

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Mes Catalino. Comunicación @madreCatalina – Esclavas del Corazón de Jesús.

Los viajes siempre dejan una huella en los viajeros y en aquellos que son parte de esas experiencias compartidas antes, durante o al regresar.

Catalina de María Rodríguez fue una viajera a todo terreno, en tiempos en los que viajar no era tan sencillo como ahora. Los caminos eran de tierra, se usaban carros tirados por caballos o bueyes con el peligro de los salteadores y las batallas internas entre caudillos. Otro inconveniente lo ponía el clima con sus lluvias y sequías. Dicen las crónicas de época.*1

En esos tiempos, Madre Catalina logró recorrer 46.000 kilómetros

16.400 km. (tren)

2.500 km. (mensajería)

28.500 km. (barco)

Entre 1861 y 1894 recorre esos kilómetros para llegar a estos destinos: Buenos Aires, Santiago del Estero, Salta, Mendoza, San Juan, Villa del Tránsito, Deán Funes, Santa Fe, Tucumán, Córdoba.

Hoy miramos una fotografía del primer viaje de Catalina. De Córdoba a Paraná, en 1860, que dejó una huella honda en el corazón de muchos seguidores que en más de un siglo y medio siguen admirando la valentía de aquel viaje que Catalina emprende con Manuel, su esposo, y sus hijastros.

Por el testimonio de Ana de la Cruz y otros datos relevados de la historia de Catalina, Paraná dejó huellas de vida matrimonial y familiar. Allí vivió con su esposo y sus hijos del corazón, y nació Catalina, su hija biológica que murió al nacer.

Allí fue una mujer “en salida”, -expresión que usamos para hacer referencia a la actitud misionera – haciendo gestiones para que los jesuitas se instalaran en Paraná. Organizó con su esposo “peñas” en su casa para recaudar fondos destinados a los más pobres y “recoger dinero destinado a las viudas de los militares caídos en las guerras de la Confederación, amigos o enemigos”.

Sus dos años de estadía en Paraná le regalaron la amistad con Vicenta Castillo de Comas. Catalina acompañó a Vicenta y cuidó a su hija Rosalía recién nacida en el momento difícil del parto.

Estas acciones revelan gestos de misericordia, de mujer empoderada de amor al prójimo, de madre, de esposa, de amiga y de laica comprometida con su fe.

Catalina fue Una viajera sin miedo a lo que le depare el trayecto, y su perfil quedará expresado en una de sus últimas frases, como encomendando una misión a su familia religiosa: “Vuelen Esclavas por el mundo como ángeles veloces”.

En un viaje, su huella, y las nuestras.

*1 Extractos del libro “La historia de una buena mujer”, Silvia Somare (ecj)

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