El regalo inesperado de Noelia en medio de la pandemia

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Testimonio Hermana Noelia Gualtieri ecj.

El Covid19 también llegó a María Reina, la Casa donde viven las hermanas mayores y enfermas. La frase tan conocida «Que todo sea para la Gloria a Dios», esta vez se hizo realidad en la fragilidad y la vulnerabilidad. Hermana Noelia Gualtieri ecj. recién llegada de Benín, se quedó a vivir unas semanas en esta Casa, donde vivió una experiencia que le amplió la mirada y el corazón, con la misma ternura que dejó Benín abrazó a sus hermanas Esclavas.   

Nombre: Hermana Noelia Gualtieri
Nacimiento: 19/11/1983
Lugar de nacimiento: Santa Fe, Argentina
Benín (África). Vivió varios años en esta comunidad
Ingreso al Instituto: marzo de 2003

Palabras claves de este tiempo junto a sus hermanas y en ese orden: despojo, entrega, vulnerabilidad, abandono, lucha, misión.

“Uno de los regalos inesperados al llegar a la Argentina, fue el vivir unas semanas con las hermanas de María Reina. Semanas intensas, cargadas de incertidumbre y de mucha unidad entre todas las hermanas del Instituto.

Compartir con nuestras hermanas mayores este tiempo de covid19 me despertó y me sigue resonando mucho lo que me han transmitido cada una de ellas. Y hoy lo puedo enumerar así: despojo, entrega, vulnerabilidad, abandono, lucha, misión. “Siguen tus hijas las esclavas, dando en todo Gloria a Dios”.

En esta etapa de la vida que transitan nuestras hermanas de María Reina, pude percibir cómo se evidencia la esencia de la persona, ya sin máscaras, sin anestesias. Se ven las elecciones fundamentales. Todo queda en evidencia, toda la persona y me animo a decir que también su relación con Dios, lo Sagrado”.

Son mujeres con una vida interior llena de savia, lo transmiten con la certeza de un consejo. Se sienten activas en sus sillas de rueda, con sus bastones y andadores.

“Son mujeres con una vida interior llena de savia. Consagradas a su Señor, que pasaron por tiempos de preguntas y hoy se las encuentra con algunas certezas que transmiten en un consejo, en una mirada, en una sonrisa; y especialmente en el anhelo o en el clamar todos los días por la Eucaristía.

También el celo apostólico, lo que preocupó en otro momento renace, lo que movilizó, los sueños, los desvelos de lo cotidiano. Ellas se sienten activas en sus sillas de rueda, con sus bastones y andadores”.

Se sienten y viven de misión, aunque estén un poco perdidas.

“Varias de ellas, aun estando un poco perdidas, se ven en un colegio con alumnas y padres; otras atendiendo casas de ejercicios, preocupadas por que todos tengan una habitación; algunas de ellas se sienten en uno de los hogares inquietas por las niñas y la limpieza del lugar, otras recuerdan con mucho fuego el trabajo parroquial que llevaron junto a grandes personas como Angelelli. Estas hermanas se sienten felices de ser esclavas y se sienten y viven en misión. Siguen llenas de vida en sus deseos, se proyectan y sueñan con un Instituto en crecimiento.”

La alegría y la fuerza de estar juntas como sucede en una familia sana. 

“Otra de las cosas que me llamó la atención es la alegría y la fuerza del estar juntas. La presencia física de la otra es impulso y da sentido a la vida. Me resultó impactante lo que les despertó volverse a encontrar luego de un período de aislamiento. Estas hermanas siguen siendo signo de comunidad, de cuerpo.”

Como los santos de la puerta de al lado, siguen dando lo mejor en su vejez y en su enfermedad. Danto Gloria a Dios desde la fragilidad y la vulnerabilidad.

“Nuestras hermanas, que también fueron madres y hoy son abuelas… siguen sonriendo, como dice el Papa Francisco cuando habla de los santos de al lado, siguen siendo contemplativas en la acción, siguen dando en todo Gloria a Dios.»

«CON TUS HIJAS LAS ESCLAVAS SIGUES DANDO GLORIA A DIOS EXTENDIENDO POR EL MUNDO EL REINADO DEL AMOR, PUES LOS HOMBRES TIENEN SED, NECESITAN NUEVA LUZ PARA HACER BRILLAR EN TODO CORAZÓN EL DE JESÚS”.