Al culminar la ceremonia de beatificación de la Beata Catalina de María Rodríguez el pasado 25 de Noviembre en la ciudad de Córdoba Argentina, Madre María Silvia Fiorentino Superiora de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús expresó palabras de agradecimiento a monseñor Carlos Ñáñez y a la Iglesia local. A la luz de las palabras del Papa Francisco, destacó «el papel único de la mujer en la custodia de la memoria y de las raíces históricas de los pueblos y las personas».

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«Me uno de corazón a los agradecimientos de Nuestro Padre y Obispo Mons. Carlos José Ñañez y cómo él no se agradeció a sí mismo, lo hago yo en nombre de mi Instituto, no solo por su inestimable ayuda en esta Beatificación sino por su cercanía y afecto durante todos los días. Gracias Padre esta fiesta no hubiera sido posible sin Usted y toda la Arquidiócesis, religiosos y laicos unidos en esta ocasión en la oración y el trabajo compartido.

Como siempre el Papa Francisco dice algo que llega al corazón y mi costumbre de consultarlo cada mañana o noche según pueda, me llevó a las mejores palabras que puedo decir en esta acción de gracias a Madre Catalina por quien hoy estamos todos aquí.

Nos dice el Santo Padre:

“El pueblo de Dios ha salido adelante gracias a la fuerza de muchas mujeres valientes que han sabido dar la fe a sus hijos”

Destacó a la madre de los Macabeos, que animaba a sus hijos a mantenerse fuertes ante el martirio. Y el Papa Francisco subrayó el papel único de la mujer en la custodia de la memoria y de las raíces históricas de los pueblos y las personas.

Esa ternura, ese coraje mostrado por la madre de los Macabeos muestra que “tan solo la fuerza de las mujeres es capaz de resistir la colonización cultural”. Son ellas, las madres, las mujeres, “las que custodian la memoria, las que son capaces de defender la historia de un pueblo, de transmitir la fe que luego explican los teólogos”.

Por eso doy gracias a Madre Catalina por permitirnos participar de este momento histórico para la Iglesia y en especial para Córdoba como sus hijas y herederas, de quien aprendimos la fe inquebrantable.

Y como estoy en el último año de mi servicio al Instituto y ante las puertas de un Capítulo General quiero en un signo que es importante para todos los pueblos tanto de África, como de Argentina, España y Chile traer un bastón de mando de la Isla de los Rapa Nui, la Isla de Pascua, que recibí como valioso regalo, y confiando en la ayuda y misericordia del Corazón de Jesús para este servicio.

Es a este Corazón misericordioso a quien doy las gracias y ahí pongo los dolores y angustias, las alegrías y gracias de todos y cada uno de mis hermanos, sean o no creyentes y le hago solemne entrega de este bastón pues El conduce nuestro Instituto, a Él está consagrado y a Él le entregamos nuestras vidas como Esclavas del Corazón de Jesús.

Miren hermanos míos el bastón solo es un símbolo, el que lo recibe debe servir y hacerse el más pequeño y si es necesario dar la vida como Jesús la dio por nosotros.

Entrega del bastón de la Isla de Pascua, al Corazón de Jesús

Gracias a todos y finalizo este momento con un mensaje del Santo Padre que recibí hoy y quiero compartir con todos. Hago especial mención de tantas hermanas Esclavas que hoy están en la fiesta del cielo y que hubieran querido vivir este momento junto a nosotros.

Muchas gracias, esto recién comienza, ¡Catalina es de todos!