El Operativo Detente en Traslasierra al estilo de Brochero y Madre Catalina

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29.06.2020. Por María Silvia Fiorentino ecj. Villa Cura Brochero.

Como tantas cosas en estos tiempos se agudiza la creatividad, surgen ideas locas y no tanto, alguien las dice y van tomando forma, completándose como un puzzle querido por Dios.

Todos los años nuestros alumnos que finalizan una etapa reciben el Detente en una ceremonia especial compartida por sus padres, directivos, profes. Las Hermanas se los entregamos para que el Sagrado Corazón los acompañe en sus vidas y los proteja, sea que sigan con nosotras o tomen otros rumbos, otro legado de Madre Catalina.

Este año la cuarentena nos va limitando en todo y cuando todavía éramos zona blanca se nos ocurrió llevarle a cada chico de 6 y 7 años y 6° grado de los Colegios Tránsito de María y Cristo Obrero a sus casas el Detente, lo que implicó un operativo previo pues para ellos tenía que ser una sorpresa.

Un delivery espiritual

En un pueblo guardar un secreto no es de las cosas más fáciles de lograr, pero con la fe intacta en el ser humano ahí fuimos dando pasos.

Un grupo de profes, preceptores, directivos y hermanas comenzaron a identificar calles, pasajes, caminos de tierra, barrios, pueblos cercanos y cada casa, llamar a cada padre, madre o tutor y así se fue armando una especie de comando de tres grupos de autos que llevarían desde Salsacate hasta Las Calles pasando por Mina Clavero, Nono, San Lorenzo, Las Maravillas, Panaholma y los barrios de Brochero el Detente a domicilio, dicho en moderno un delivery espiritual.

Eran muchos, más de 160 y cada equipo estaba armado con la imagen del Sagrado Corazón, alguien de cada nivel y Colegio y hermanas, acompañadas y cuidadas por la policía y militares que casualmente eran exalumnos y sabían de qué se trataba tanto despliegue y coronando:la música con la Consagración que sonó sin parar y que precedía nuestra llegada.

En la semana previa pedimos todos los permisos oportunos, al COE, Municipios, Jefes Comunales, Policía, Ejército y allá fuimos con un mapa que nos guiaba y la voluntad de los buenos vecinos que nos indicaban cuando perdíamos la ruta y la tecnología no bastaba.

Desde las 8:30 y con la bendición en el Santuario y la compañía del Cura Brochero y Madre Catalina, partimos sin saber bien que nos depararía el día.

Siempre es difícil poner en palabras los sentimientos propios y ajenos, las caras de asombro, la alegría de vernos, aunque sea con barbijo y no muy cerca, las muchas lágrimas de emoción y alivio al ver que el Sagrado Corazón sigue estando con ellos.

Un día de misión 

Los mas pequeños se abrazaban a nosotros sin pensarlo mucho, los padres agradecidos y cómplices esperaban algunos hasta las 19 hs, que fue el tiempo que nos llevó llegar a todos.

Fue un día de misión, de Iglesia-Colegio en salida. Nos esperaban con altares hechos en cada casa, con carteles y láminas, algo rojo, otra consigna para este mes … alguien dijo que no podíamos ir a la Iglesia y así se convirtió cada hogar en una pequeña Iglesia. Todo hecho en un encierro forzoso pero que nos lleva a lo más profundo.

Las frases que mas resonaron fueron de gratitud y esperanza, algunas de dolor y desconcierto: “gracias”, “ya nos veremos pronto”, “falta menos”, “esto va a pasar,”, “extrañamos mucho”, “queremos volver”, “no aflojen”.

Llegamos llenos de historias, de anécdotas graciosas y tristes, de corazones compasivos y sinceros, de caritas y ojos de alegría, de sentimientos y charlas profundas y con nuestras vidas un poco revueltas y tocadas por las vidas de los otros, ojalá tanto encierro no nos cierre al hermano.

Les dábamos el Detente a los padres y ellos se los ponían en el pecho a sus hijos, ahí muy cerquita del corazón, les dábamos una carta para que las lean tranquilos y ¡para otra casa! Unos minutos nomás que harían una gran diferencia entre tanta indiferencia y egoísmo.

Yo volví cansada como todos, pero del cansancio bueno, del que alimenta y fortalece, volví feliz y llena de una extraña paz.

Los vecinos veían pasar asombrados al Corazón de Jesús por sus calles y los lugares más insólitos buscando a sus hijos, se sacaban los gorros en señal de respeto, se hacían la señal de la cruz, tiraban besos, tomaban gracia, pedían por sus enfermos y necesidades.

Dios que siempre está y a veces no lo vemos, este día quiso hacerse presente de una manera especial en Traslasierra. Pasó haciendo el bien, simplemente pasó … ¡Gracias por recibirnos!.