Colegio Saturnina Rodríguez de Zavalía

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Silvia Somaré ecj.

Los que conocemos a Madre Catalina y los que no la conocen vayan sabiendo que es una mujer que es muy maternal, pero también muy pícara y traviesa. Es de esas personas que ayudan a todos pero siempre, con una cuota de sorpresa y tratando de no aparecer ella, como son las travesuras. Además sabe de ingeniería porque es especialista en construir puentes entre personas, entre instituciones, entre nosotros y el Corazón de Jesús.

El viernes 8 tuve el regalo de ir a la localidad de Holmberg, en el sur de la provincia de Córdoba, a visitar una escuela que ya tiene 90 años y que desde 1982 por una resolución se llama Saturnina Rodríguez de Zavalía en homenaje a “esta mujer que fue una gran educadora”, según consta en la prensa y las actas de la época. Es el nombre de laica de Madre Catalina de María Rodríguez y ese nombre no tuvo la iniciativa de las Hermanas Esclavas sino de los gobernantes de la época.

Me permito decir aquí que el Concejo Deliberante de Córdoba sancionó la Ordenanza N° 12.744 por la cual se cambiaba en la ciudad de Córdoba el nombre de la Calle Wenceslao Paunero por el de Madre Catalina de María. Lamentablemente aunque es una norma, la Municipalidad se niega a cumplirla y de ese modo homenajear a una hija de la ciudad.

Dicho lo dicho, les cuento que es una delicia ir a ese lugar, ya lo había expresado en otra nota, los niños y todo el personal son muy cariñosos y atentos. También están contentos y aún emocionados por su beatificación y por poder haber participado de ella.

Nuestra Saturnina 

Conversamos con algunos funcionarios. Marisa, la Directora nos dijo que Saturnina Rodríguez de Zavalía,  es “nuestra” Saturnina, hoy la beata Madre Catalina, es un honor, es un orgullo pertenecer a esta comunidad, todos los días recibimos la bendición de nuestra querida Catalina, cada día a la entrada a la escuela veo su imagen y me persigno agradeciéndole su presencia y acompañamiento diario. ¿Por qué digo esto? Porque nuestros alumnos vienen contentos a nuestra escuela, y podemos resolver cada problema que se presentan a diario en nuestra rutina escolar. ¿Quién sino nos da ese granito de ayuda?, nuestra Madre Catalina. Tuve la alegría y la felicidad de poder participar junto a mis colegas, de su beatificación, fue muy emocionante, cuando volvimos le comentamos a toda nuestra comunidad lo vivido allá, hasta dejamos alguna lagrimita caer, de acá le enviamos nuestros cariños y agradecemos a la Congregación de hermanas que nos tenga siempre presente.

Una mujer como nosotras

Alicia Irusta, La vicedirectora al preguntarle qué podía decirnos acotó: este colegio lleva el nombre de laica de Madre Catalina, una mujer como nosotras y tenemos el agrado de que la congregación nos visite. Tenemos casi 200 chicos que comen en la escuela con jornada extendida.  La institución es muy necesitada porque no recibimos ningún aporte extra y hay muchos chicos en situación de vulnerabilidad, muchas veces nos ocurren cosas, accidentes y decimos pidámosle a la Saturnina, recémosle a la Saturnina, siempre está presente en la vida escolar. El Padre Ricardo Araya, actual Obispo de Cruz del eje, fue párroco en este pueblo, siempre nos ha acompañado y estaba en contacto, venía a celebrar misa. Estamos felices de llevar este nombre, el de la beata Catalina.

Regalo para la portera 

Lorena Becaría, la Portera nos contó una hermosa historia. Para la Beatificación, el Cardenal Amato le daría la comunión a 70 personas que las hermanas debíamos elegir, nos comunicamos con el Colegio y le dijimos que eligieran entre ellas quién podía ser. Fue Lorena y la razón fue que cumple años el 22 de noviembre y sus colegas le hicieron el regalo de que fuese ella; situación que le generó emoción y mucha alegría, además de haber compartido ese día. Nos contó que el día de la beatificación  abrió el corazón para recibirla a Madre Catalina y que todos los días en el colegio le piden su ayuda.

Cumpleaños de madre Catalina 

Dos maestras, Cecilia Mora y Lorena Pagliarici nos dijeron estamos contentas de comunicarnos con la congregación, nos encomendamos a Catalina un montón aquí en la escuela la consideramos, también hablamos de ella en las capacitaciones docentes, estuvimos para la beatificación y también estábamos muy contentas de los comentarios y repercusiones en el pueblo que fueron muy grandes, la gente estaba muy contenta todos nos preguntaron, intentamos que los chicos se sientan identificados con la Madre Catalina que es quien nos representa y guía. Además celebraremos su novena y su Fiesta en nuestra Parroquia y aprovecharemos también a celebrar ese día su cumpleaños.

Si vemos atentamente descubrimos las picardías y travesuras que Madre Catalina hace en los corazones de las personas, sin que se den cuenta, se mete en ellos  para curarlos, protegerlos, alentarlos, llevarlos a Dios y también en sus travesuras nos usa como cómplices para llegar o ayudar a los demás.

Y ahora les contaré porqué también digo que construye puentes. El día anterior de ir a la Escuela, visité en Córdoba a dos sobrinas de Catalina, nietas de Carmen y de Manuela, protagonistas del libro La Tía Catalina, justamente para llevarles el libro. Ambas quisieron regalarme dinero por los libros y yo me negué a recibirlo y una de ellas me dijo ¡no es para usted hermana, este dinero es para lo que necesite la Tía Catalina! De ese modo no me quedó otra que recibirlo y me puse a pensar en quién podría necesitarlo. Ya otras veces la Madre me había usado como puente, alguien me regala dinero u otra cosa  y sorpresivamente aparece quien lo necesita.

Puentes 

Conversando con Alicia, la Vice Directora, a la pasada y quizás con imprudencia le pregunté de una actividad del Colegio, Alicia me contestó que no podían hacerla porque no tenían dinero, además las familias de los chicos son de situación precaria y varias veces las mismas maestras aportan lo suyo para lo que haga falta. Allí recordé el dinero recibido el día anterior, una vez más Madre Catalina actuó como puente, como madre y se encargó de hacerles llegar lo que en ese momento necesitaban. Cuando les conté a ella y a Marisa, la directora, y nos comunicamos por teléfono con “los sobrinos donantes” todos nos emocionamos. Catalina está y con el mismo espíritu y la misma pasión de hace 150 años.

Regresé agradeciendo la buena gente de ese colegio, los buenos sobrinos de Catalina y con la invitación de ella a dejarme usar para sus travesuras y sus puentes.