«Su compromiso con la comunidad, su preocupación por escuchar, por construir con el ejemplo nuevos espacios para la mujer en la sociedad, su participación comprometida y la valentía de sus actos la llevaron al combate de un sinfín de estereotipos en la época de prejuicios y sinsentidos de una sociedad machistas y desigual contra la que luchamos incluso hasta el día de hoy; fue una gran defensora de la vida y los derechos de las mujeres en nuestra Córdoba».

Quiero, como un humilde ciudadano de esta ciudad y de esta provincia, manifestar que no puedo disimular la felicidad de vivir y compartir este momento con cada uno de ustedes. En esta, la tierra de San José del Rosario Brochero, nuestro Santo cordobés. La tierra de nuestra quería Madre Catalina de María de Rodríguez, que hoy nos reúne por su beatificación, nos sentimos elegidos y bendecidos. Hemos visto a nuestro papa Francisco, a nuestro Santo Brochero y ahora a nuestra Beata Catalina, recibir el merecido reconocimiento por dar su amor y su ejemplo de vida al mundo. Y hoy el mundo pone sus ojos aquí, para abrazarnos con la fe y reconocer la entrega al prójimo de la Madre Catalina. Y ese es un orgullo para los cordobeses, pero no es solo el milagro de la vida lo que nos permite descubrir a Catalina; es toda su obra, marcada por el amor a los otros y una vida entera signada por el esfuerzo, confianza, entrega y sana rebeldía.

En aquellos años, había que animarse a ser mujer y luchar por una causa; había que animarse a unir, a convocar y formar espacio como la Congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús, de donde se profesaba un pensamiento y una forma de vida espiritual. Las huellas del dolor en su vida y el inmenso amor para dar a las personas la regresaron a su sueño mas intimo: fundar una comunidad de mujeres que le permitieran atender a las mujeres más vulnerables de la sociedad, y fue así que nació la primera congregación apostólica femenina de nuestra patria argentina, pensando en ellas, acercando más a dios al trabajo digno y al reencuentro consigo mismo, sobra cuenta de una profunda comprensión de las vicisitudes de la mujer en aquella época, pero también tuvo la virtud de una enorme simpatía por las otras causas nobles de otros portadores del mensaje divino.

Así respondió, junto a las religiosas que la acompañaban al llamado del amigo Cura Brochero, cuando en 1880, 16 hermanas cruzaron las sierras grandes a caballo para atender la casa de ejercicio de la villa de tránsito y el colegio de niños fundado por el cura. Su compromiso con la comunidad, su preocupación por escuchar, por construir con el ejemplo nuevos espacios para la mujer en la sociedad, su participación comprometida y la valentía de sus actos la llevaron al combate de un sinfín de estereotipos en la época de prejuicios y sinsentidos de una sociedad machistas y desigual contra la que luchamos incluso hasta el día de hoy; fue una gran defensora de la vida y los derechos de las mujeres en nuestra Córdoba.

Curita Brochero y Madre Catalina: invocamos a ustedes para pedirles especialmente que iluminen a quienes en estas horas trabajan en el mar buscando el submarino ARA San Juan, y les pedimos que les den a los familiares de los 44 tripulantes la paz y el reconforto a sus corazones. Gracias, Madre Catalina, por sentar las bases de una iglesia inclusiva y extensa que se proyecta en cada rincón de nuestro país y del mundo; gracias, papa Francisco, por haberla decretado que es una beata.