Mirada Ignaciana de Madre Catalina 

Escribe: Hna. Emilse Noemí Flores ECJ – Prof. Cs. Sagradas. Acompañante Espiritual. Gestaltista. Coordinadora del Centro de Espiritualidad “Corazones Nuevos” de las Hnas. Esclavas del Corazón de Jesús -Tucumán – Argentina.

Quien haya entrado aunque sea muy inicialmente, en la espiritualidad ignaciana, y en particular en la de los Ejercicios Espirituales, habrá percibido la importancia que tiene aquella famosa fórmula del P. Jerónimo Nadal: “Buscar y hallar a Dios en todas las cosas” que no es sólo el vivir en fidelidad y honradez, sino captar con hondura la experiencia de Dios que nos trasciende y que se nos comunica y nos sale al encuentro en nuestra vida cotidiana, corriente y limitada.

Esta actitud ignaciana, San Ignacio la expresa en las Constituciones para los Jesuitas: “Y sean exhortados a menudo a buscar en todas las cosas a Dios nuestro Señor…a Él en todas amando y a todas en El, conforme a su santísima voluntad”(Ct. 288)

Cuando nos relacionamos con las cosas, Ignacio nos invita a que ayudados por la gracia de Dios lo descubramos a Él en todo (contemplativos en la acción), y cuando nos relacionamos con Dios, descubramos y amemos en El a todas las cosas (activos en la contemplación)

La espiritualidad ignaciana con la práctica de ejercicios de examen o revisión diaria nos ayuda a estar atentos a la actividad de Dios en nosotros y en nuestro mundo, con la convicción de que no es un Dios lejano, sino cercano; siendo sensibles y acogiendo lo que Él nos ofrece y pide. Mirar al mundo desde una perspectiva de Encarnación, es decir, sabiendo que el mismo Dios asume la humanidad en toda su realidad. Creer en Jesús, “Rostro humano de Dios, rostro divino del hombre” (como nos dice el Doc. De Aparecida N° 107).

El ser “Contemplativos en la acción”, es una invitación a ser cristianos que contemplan el mundo y ven en las cosas y en las personas, signos de la presencia y la actividad de Dios, incluso en medio de una vida excesivamente ajetreada.

Mujer Contemplativa de la Vida y en la vida

Qué significó para Catalina vivir ese estilo de vida, de «contemplativa en la acción»

San Ignacio recoge en los Ejercicios una gran variedad de formas de orar, pero la contemplación es, sin duda, una de las que más recomienda. En efecto, la contemplación de los «misterios» de la vida de Jesús ocupa buena parte del recorrido de los Ejercicios. Y propone pedir la gracia del «conocimiento interno»: es decir, que contemplemos para conocer en profundidad, con un conocimiento que nos lleve hasta lo interior, hasta el fondo de lo que contemplamos, y  que nos llegue también a nosotros mismos hasta la mayor interioridad. Madre Catalina hizo del Contemplar una forma de vivir, de orar; una forma de aproximarse a la realidad, a la propia historia, con un talante profundamente contemplativo.

Si bien Catalina bebió la espiritualidad de su tiempo, un siglo XIX, marcado por el voluntarismo individualista, con un enfoque de la vida espiritual un tanto idílica con Dios y “separada del mundo”, se formó en la familiaridad de la “escuela de oración y discernimiento” que le dio los Ejercicios Espirituales.

Dice el P. Guillermo Randle sj al respecto: “Dicha práctica la salvó de un siglo caracterizado por una piedad sentimental, una teología poco espiritual y una espiritualidad poco teológica, moralizante e individualista. La piedad en cambio, inspirada en los Ejercicios, será para ella discernir el rastro del Dios vivo que transita por la vida, a veces en medio del desconcierto, para seguirlo más de cerca”[1]

Catalina no tuvo una mirada ligera, superficial, rápida, sino que desarrolló un auténtico contemplar: ese mirar que le permitió llegar al fondo de las cosas. Puso todos los sentidos en aquello que tuvo delante: miró, escuchó, palpó, olió, y gustó la realidad…Y pudo caer en la cuenta del peso que lo contemplado dejaba en ella, de cómo le  impactaba, de qué sentimientos o movimientos le provocaba…y se dejó cuestionar por esa realidad contemplada. Y cuando contempla, actúa.

Por ejemplo cuando su esposo fue arrestado y detenido injustamente junto a otras mujeres elevó un petitorio: “El clamor de las madres y esposas de los que gimen hace 35 días…al objeto de recabar una medida que mitigue siquiera las horribles angustias en que aquellos yacen…Es con este motivo de la humanidad y de la civilización”

O cuando detectó que la existencia de las Casas de Ejercicios eran muy inciertas en Córdoba, se usaban para otros fines o se daban las tandas en casas particulares, ella no escatimó en entregar su terreno obtenido por una herencia y sumó su proyecto de que“se podía edificar una Casa de Ejercicios  y formar una comunidad de señoras”. También expresa: “Asilaríamos a esas mujeres que causa pena verlas en peligro obligadas por la necesidad”[2]

Ella buscó y halló a Dios en medio de las maravillas de la vida, como en las pequeñas y grandes cosas, en las alegrías y momentos de amor y gozo, en la calma de la oración…“Es imposible explicar el contento y la alegría que reinaba en todas al vernos en nuestra propia casa y que nuestra Congregación se afianzaba cada día más y progresaba bajo la visible protección del Corazón de Jesús[3]

Fue un verdadero desafío el buscar y hallar el rostro de Dios en medio de las pruebas, en las horas del dolor, en la crisis,  en las preocupaciones y agitaciones  de la actividad. “Vino a este pueblo la peste desoladora del Cólera que me llevó dos de mis compañeras…no me es posible expresar las impresiones de pesar que recibí con estos acontecimientos.”[4]

Y por gracia de Dios fue muy propio de ella mirar todas las cosas desde la óptica de esa total confianza de estar en manos del Sagrado Corazón de Jesús: “Me puse en la presencia de Dios y, llorando amargamente, deposité mi deseo en el Corazón de Jesús” [5]                                                                                                                                                    También cuando respondió junto al Cura Brochero a las necesidades de los serranos y luego después en cada una de las Fundaciones que realizó por las Provincias, etc. “En toda la relación hecha hasta aquí de los sucesos acaecidos a nuestra Congregación está de manifiesto el cuidado que Nuestro Señor tiene y ha tenido siempre de mezclarnos los consuelos con las amarguras[6]

En la próxima entrega algunos tips para vivir al estilo de Catalina de María «contemplativos en la acción»

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Primera entrega de «Una mirada Ignaciana de Catalina» 

Segunda entrega «Catalina dejó un estilo, dar la vida» 

[1] Randle, Guillermo. “Una aproximación a la interioridad de la Venerable Catalina de María Rodríguez en sus Memorias” Introducción pag 3. Ed. Cafure

[2] Memorias 21

[3] Memorias 74

[4] Memorias 31

[5] Memorias 37

[6] Memorias 70

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